Trazos de Gaudí en Barcelona

Si hay lugar donde lo antiguo y lo moderno coexisten, es Barcelona. Capital de la Comunidad Autónoma de Cataluña, situada al noreste de la península ibérica, es la ciudad donde el genio, Antoni Gaudí, dejó la mayor parte de sus ambiciosas construcciones. Además del equipo de fútbol, Barcelona sobresale por su geografía, porque pocas son las ciudades que nacieron del mar y la montaña; además su arquitectura es para muchos, un pedazo de París en España. Tiene una población de,aproximadamente, 5.012.961 habitantes, alberga a la mayoría de casas editoriales de la lengua española y se ha posesionado como potencia cultural. Lo que también se conoce de BCN son las ramblas, la Torre Mafre del pez brillante, la Sagrada Familia, la Barceloneta, la Torre Agbar y el estadio Camp Nou, que tiene el museo más visitado de la ciudad.

Las huellas de Gaudí son imponentes y le dan un toque sofisticado y entrañable a la ciudad: los colores, las curvas, la magia y la belleza, crean una fusión original. La arquitectura de Gaudí se instala en el modernismo de los primeros años del s.XX. En 1878 estudió en Barcelona, era un tipo de aspecto descuidado que se entregó totalmente a la creación. En 1926, cuando tenía 74 años, murió atropellado por un tranvía en Barcelona. Gaudí, gran admirador de la Edad Media, le gustó a la burguesía barcelonesa de la época. Su obra nace de la luz revelando una concepción arquitectónica del historicismo. Sus primeras obras están dotadas de “cierto sentido ecléctico” lo que permite mezclar lo gótico con lo arabizante y muchas otras combinaciones.

Desde 1883, comenzó a trabajar en la Sagrada Familia, su obra maestra. Soñó que la podría acabar en diez años, pero se demoró casi cuatro décadas en terminarla. Cambió radicalmente el primer proyecto, embarcándose en una estructura mucho más ambiciosa. Actualmente, hay ocho torres construidas, que pertenecen a las fachadas del Nacimiento y de la Pasión. Sin embargo, el proyecto tenía un total de 18 torres. La más alta de todo el templo está dedicada a Jesucristo. La Sagrada Familia tiene formas que recuerdan al estilo gótico, y por las decoraciones también puede verse barroca.

También conocida como la Casa Milá, la Pedrera, ubicada en Paseo de Gracia N. 92, fue construida entre 1906 y 1912, por un encargo del matrimonio Pere Milà i Camps y Roser Segimon i Artells. La obra se rige a la etapa naturalista de Gaudí: inspiraciones de la naturaleza que guardan similitud con las curvas del agua, el dinamismo, la geometría reglada, la creación ornamental y sus propias soluciones. Aunque la fachada habla de una sola estructura, son dos edificios adosados e independientes. El arquitecto pensó que los pisos debían amoldarse a las necesidad de los inquilinos, por lo que priman las entradas de luz y cada piso es distinto. La decoración interna fue de las más lujosas de la Barcelona de principios del s.XX.

En la misma Avenida Paseo de Gracia está la Casa Batlló, N.43, también de la etapa naturalista. Esta edificación conlleva el modernismo catalán, y otra vez, Gaudí toma fuerza del barroco: riqueza estructural, formas y volúmenes desprovistos de rigidez racionalista sin perder el sentido clásico. El edificio fue construido en 1875 por Emili Sala Cortés, otro arquitecto de renombre en la ciudad, pero el burgués Josep Batlló i Casanovas le encargó a Gaudí la remodelación. Aunque estaba trabajando en el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia , la Torre Bellesguard, el Parque Güell y la restauración de la Catedral de Santa María de Palma de Mallorca, al mismo tiempo, la terminó rápido. La fachada se hizo con piedra arenisca de Montjuïc, tallada según superficies regladas y las columnas tienen forma ósea. Hizo varias maquetas en yeso hasta conseguir la forma que buscaba: el oleaje del Mediterráneo.

La Casa Vinces, la Casa Batlló, la Cripta Colonia Parque Güell y la Sagrada Familia, son las obras que fueron aceptadas por la UNESCO como Patrimonios de la Humanidad. Quizá lo más conocido y filmado, después de la Sagrada Familia, sea el Parque Güell: un jardín público construido entre 1990 y 1914, concebido por el empresario Eusebi Güell y diseñado por Antoni Gaudí. Una obra onírica. Son 17,18 hectáreas de extensión donde se ve un poco de todas las otras construcciones gaudinianas: formas onduladas, preocupación por las entradas de luz, formas geométricas; y también características nuevas, columnas en forma de árboles, mosaicos de colores o trencadís (superficies cubiertas con pedazos de cerámica o vidrio) y cuevas naturales.

aprovechó el desnivel de 60 metros de la montaña para realizar un camino que termina en la capilla. El Parque Güell también funciona como un mirador y un muestrario de especies vegetales. La entrada representa una estructura alegórica donde se juntan los parámetros del arquitecto y de Güell. Esta parte es considerada como un exponente de la tradición clásica grecorromana. La escalinata, donde está la escultura de la salamandra, ubicada entre muros almenados, tiene tres tramos de once escalones y uno de doce. Los pabellones fueron construidos con ladrillo y se destacan las bóvedas hiperbólicas cubiertas con mosaico. El lugar de residencia del arquitecto desde 1906 hasta 1925, hoy Casa-Museo Gaudí, también está ubicado en este lugar.

Decenas de arquitectos, pintores, escultores, constructores, contratistas, carpinteros, ceramistas, cerrajeros, decoradores, yeseros, herreros, trabajadores del mármol y vidrio, especialistas en forja y fundidores fueron supervisados por Gaudí. Es evidente que la arquitectura gaudiniana surge de la inspiración de la naturaleza; el artista creó soluciones para plasmar el gótico, el barroco e incluso construcciones orientales en sus obras. Hoy, la ciudad de Barcelona luce cosmopolita, pero con una conciencia clásica en sus edificaciones.